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San Miguel de Allende, La Fundación y los primero tiempos

Las ciudades donde hoy se asientan las ciudades de San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo (en el estado de Guanajuato) fue, en la época prehispánica y durante las primeras décadas del s. XVI, el núcleo principal de los guamares, que compartían su territorio con los indios guaxabanes y copuces, también miembros de la extensa familia chichimeca. Eran pueblos básicamente nómadas recolectores con una organización social y política de tipo tribal. Los guamares, al igual que otros pobladores del norte de Mesoamérica, fueron conocidos por los pueblos sedentarios del sur, especialmente por los aztecas, como: “teules chichimicas” cuyo significado es “linaje de perro”. Con este gentilicio se hace referencia al espíritu belicoso y a las grandes cualidades guerreras que caracterizaron a los pueblos chichimecas.

Territorios ocupados por pueblos indios.

Su ferocidad y rapidez en el combate, así como su gran puntería, los hizo muy temidos entre los primeros españoles que se aventuraron a colonizar estas regiones; su fama cruzó el siglo XVI y llegó a los inicios del XVII. Al referirse a los chichimecas guamares, Gonzalo de las Casas dice que “eran los más valientes, los más aguerridos, más traidores y más destructores y astutos” de todos los chichimecas. Tales características los convirtieron en el principal problema para la colonización y la evangelización española de las regiones septentrionales.

En 1542 una avanzada de colonos otomíes y tarascos se dirigidos por Fray Juan de San Miguel se interno en territorio guamar y fundó el pueblo de San Miguel el Viejo. Simultáneamente se sumaron a los fundadores varias decenas de indios guamares. Este nuevo poblado fue utilizado por los misioneros como base para acometer otras empresas hacia el norte y la Sierra Gorda. También los otros franciscanos instalaron allí una misión dedicada a la catequesis y un colegio para la enseñanza de los indios, así como un hospital que fue muy oportuno en 1845, cuando la peste asoló principalmente a la población indígena.

Fray Juan de San Miguel.

Este primer poblado de San Miguel tuvo que ser abandonado en 1551 debido a continuas irrupciones de los copuces, dirigidos por el Jefe Carango. En general, todos los chichimecas reaccionaron violentamente contra los recién llegados y sus primeras poblaciones. La segunda mitad del siglo XVI fue escenario de una prolongada y costosa guerra en la que los españoles trataban infructuosamente de someter a los rebeldes chichimecas. Estos, a su vez, arremetían indistintamente contra españoles e indígenas pacificados, saqueando y destruyendo cuanto podían y causando con ello graves perjuicios a la economía virreinal.

Portada de la iglesia de San Miguel Viejo.

Sin embargo, San Miguel fue fundado de nuevo, en vista de su estratégica situación en este conflicto. La orden fue dada por el Virrey don Luis de Velasco “para evitar las muertes, fuerzas a robos de los chichimecas han fecho en el camino de los zacatecas”. El 15 de diciembre de 1555 se estableció el nuevo poblado de San Miguel el Grande, con 50 españoles dotados de las tierras necesarias para sus granjas, establos, huertos, jardines y solares. Por orden del Virrey, indígenas de Acámbaro, Querétaro y Cuitzeo fueron trasladados a la nueva población para que ayudaran en las construcciones necesarias. Las tierras de los indígenas que habían colaborado en la primera fundación se respetaron. Una autoridad española fue nombrada y varios gobernadores indios, uno de ellos esta el principal. Los presidios de Ojuelos y Portezuelo también se hicieron en vista de la necesidad de proteger la parte más peligrosa del trayecto entre San Miguel y Zacatecas, acechada por los indómitos guachichiles.

Las provisiones del gobierno de la ciudad de México no eran suficientes para garantizar la seguridad de los colonos, quienes tuvieron que buscar protección con sus propios medios. Era indispensable que cada uno contara con armas y por lo menos un caballo para hacer efectiva la concesión que se le hacía. Un curioso ejemplo de las desventuras de los primeros pobladores nos lo dan los dueños de la Hacienda de Nieto, en el camino de México a Guanajuato, no muy lejos de San Miguel. El primero de ellos fue Diego Nieto, a quien le fueron concedidas tierras a condición de que avecinara en la villa, introdujera y criara ganado vacuno y caballar y tuviera a su disposición “muchas armas”, negros, mulatos e indios vaqueros asentados en el lugar –esto último con fines defensivos-. El segundo dueño fue Leonardo Cervantes, cuyas gentes no podían asentarse por la amenaza de los chichimecas. Al darse cuenta que no había indio que quisiera acompañarlo por temor a los ataques bárbaros, tuvo que valerse de negros y criados para terminar la construcción de la casa que los indígenas apenas habían iniciado. Para su infortunio, en medio de los apresurados trabajos cayó una lluvia tal que todo el adobe, aun fresco, se desmoronó. El miedo a los chichimecas seguía siendo totalmente justificado: durante los primeros años de su segunda fundación, San Miguel no pudo poner de manifiesto sus ventajas defensivas. Sin embargo, el pueblo continuó su desarrollo dando albergue y mercancías a los viajeros y mineros del norte. En 1564 se elevó su rango a curato, comprendiendo bajo su jurisdicción la congregación de indios de la hacienda de la Erre. Este pequeño núcleo de población pasó a ser un caserío a finales del siglo XVI y en 1643 ya era la congregación de Nuestra Señora de los Dolores.

En el pertinaz esfuerzo del gobierno virreinal por pacificar a los chichimecas se estableció el sistema de presidios o pequeños fuertes destinados a proteger los caminos y a sus usuarios. Una de estas unidades fue situada en Atotonilco muy tardíamente (1590 y 1595). Se le designaron seis soldados de base. Sin embargo, en 1601 este presidio fue abandonado, lo que causó el traslado de los indios guachichiles recientemente pacificados.

Complejo religioso de Atotonilco.

A finales del siglo XVI se logró la esperada paz en la zona, menos por la fuerza militar que por los esfuerzos de los misioneros, la penetración cultural de los indios pacificados provenientes de otras zonas y las negociaciones llevadas por los españoles. Ahora los colonizadores tendrían que afrontar otro tipo de problemas de seguridad.

 

Tomado de:

Estado de Guanajuato. CUATRO MONUMENTOS DEL PATRIMONIO CULTURAL. I MONOGRAFÍA. Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología. 1985

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